Codo de tenista (epicondilitis)

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Contenido del artículo

Durante las últimas dos décadas el entrenamiento con pesas se está haciendo muy popular entre la población general, de hecho uno de cada tres norteamericanos participa en actividades relacionadas con el entrenamiento con pesas(1). Este aumento en el número de personas que realizan este tipo de entrenamiento ha elevado también el riesgo de lesión en tejidos blandos por sobrecarga(2). La mayoría de las lesiones se da en los tendones debido a que son sometidos a un excesivo estrés o sobrecarga(2,3).

Una zona muy propensa a sufrir lesiones tendinosas es la cara lateral del codo (en el epicóndilo, de ahí el nombre “epicondilitis“), ya que en numerosos ejercicios con pesas se requiere agarrar y/o tirar de barras y/o mancuernas. Estos movimientos, con grandes pesos y repetidos en el tiempo(4), así como un incorrecto agarre, pueden provocar una irritación de los tejidos músculotendinosos que se encuentran en la cara lateral del codo.

A continuación describiremos la lesión, así como las causas de la misma y las modificaciones que debemos introducir en el entrenamiento para reducir al máximo el riesgo de agravar la lesión y poder contribuir en su recuperación.

Descripción de la lesión

El codo de tenista (epicondilitis) se caracteriza por un dolor en la cara lateral del codo, y se da en el brazo dominante en el 75% de los casos(3). Se cree que es debido a un movimiento repetido en actividades que requieran el antebrazo en pronación. Los síntomas pueden durar hasta 24 meses(5,6,7,8) y en el 80% de los casos mejora en el intervalo de un año independientemente del tipo de tratamiento(9). El número de casos con codo de tenista se triplica en las personas mayores de 40 años que practican entrenamiento con pesas o actividades similares durante dos horas al día(2,10). Hay que reseñar que el nombre de esta lesión es debido a que, según diversos estudios, entre el 40 y el 50% de los tenistas sufren esta lesión en algún momento de su carrera deportiva, con una prevalencia entre 5 y 9 veces mayor de sufrir dolor en la cara interna del codo (codo de golfista).

En lo referente a la disposición anatómica, no vamos a detenernos porque podéis conseguir información al respecto en numerosas páginas web y libros, y tampoco queremos entrar en terminología científica, por lo que tan sólo vamos a enumerar las diferentes estructuras músculo tendinosas que pueden interferir en esta lesión:

  • Articulación del codo: húmero, cúbito y radio.
  • Músculo extensor radial largo del carpo.
  • Músculo extensor radial corto del carpo.
  • Músculo extensor cubital del carpo.
  • Músculo extensor común de los dedos.
  • Músculo braquiorradial.
  • Músculo supinador largo.
  • Ligamento colateral del codo.
  • Ligamento anular del radio.

codo tenista epicondiltis

 

Terminología

Como ya pude comentar en el artículo relacionado con las lesiones del tendón, hay mucha controversia acerca del término más acertado para definir el codo de tenista. El término más habitual hasta ahora había sido el de “epicondilitis“, pero tenemos que tener en cuenta que tendinitis y tendinosis son dos condiciones que se dan en momentos diferentes en el proceso de reparación y por lo tanto necesitan tratamiento diferente. La epicondilitis se refiere al dolor en la cara lateral del codo que resulta de la inflamación y la microrrotura de fibras en los extensores del antebrazo, algo que se da durante los síntomas iniciales del proceso(11).

Diversos estudios histopatológicos han demostrado que hay una escasez de céulas inflamatorias en el tejido tendinoso de pacientes con epicondilitis diagnosticada hace varios meses. Alfredson et al.(12) observaron nivel normales de prostaglandinas E2, marcadores bioquímicos de la inflamación, demostrando la ausencia de la misma en el tejido tendinosos. Estos y otros estudios van encaminados a utilizar más el término “tendinosis lateral del codo” que “epicondilitis”.

Síntomas

Entendiendo dónde y cómo se da el proceso del codo de tenista, es importante identificar los factores de riesgo y los síntomas para poder así establecer las modificaciones necesarias durante el entrenamiento físico.

El síntoma principal es el dolor en la cara lateral del codo irradiado hacia el antebrazo. Suele reproducirse en actividades que impliquen agarre, levantamientos con un agarre prono o aquellos en los que se pasa de un agarre prono a uno supino, como puede ser el curl de bíceps con mancuernas(13). La palpación unos 5mm distal y anterior al epicóndilo, que es donde se origina el extensor radial corto del carpo, también exacerba el dolor(8,11).

La exploración física del brazo afectado nos ayuda a observar anomalías como atrofia muscular, hinchazón en la cara lateral del codo, rango de movimiento limitado y/o disminución en la fuerza de agarre en comparación con el otro brazo. Además el dolor suele reproducirse en actividades de la vida diaria como sacudirse las manos o sujetar un vaso de agua, por ejemplo.

Las  anomalía anatómicas también pueden predisponer al deportista a sufrir codo de tenista. Por ejemplo, una hiperextensión y un aumento del ángulo de valgo del codo, un desequilibrio entre la musculatura flexora y extensora de la muñeca, y/o una debilidad de la musculatura del antebrazo implicada en el agarre(2).

Por otro lado, existen varios test o pruebas funcionales para identificar el origen de la lesión, así como las estructuras músculotendinosas implicadas, pero no vamos a extendernos en este tema ya que deben ser realizadas por profesionales de la salud como los fisioterapeutas.

codo tenista entrenamiento

Modificaciones en el entrenamiento

Si un deportista reúne alguna característica o síntoma compatible con el codo de tenista, debemos adaptar el entrenamiento a sus necesidades, y para ello serán necesarias una serie de modificaciones e indicaciones, con el fin de no agravar los síntomas.

Lo primero que debemos hacer es reducir la sobrecarga a la que sometamos los tendones de la cara lateral del codo(3). No se recomienda el abandono absoluto de la actividad a no ser que los síntomas sean muy agudos y dolorosos. En ese caso será necesario un periodo de descanso en el que podremos realizar ejercicio cardiovascular y entrenar otras zonas del cuerpo. Si no se da este caso, hay que saber que la actividad ayuda en la reparación del tejido dañado, pero es necesario hacer unas modificaciones para evitar la sobrecarga del mismo.

Otro factor a tener en cuenta es el tipo de ejercicio a realizar durante la rutina de entrenamiento. Como ya estaréis intuyendo, será necesario reducir el volumen de aquellos ejercicios que impliquen agarre prono del antebrazo y tracción, como puede ser un curl de bíceps invertido, pues sólo conseguiremos exacerbar los síntomas de la lesión(8). Lo sustituiremos por un curl de bíceps con agarre supino para que la fuerza recaiga sobre la musculatura flexora de la muñeca y descargue un poco la musculatura extensora, que es la implicada en el codo de tenista.

También será conveniente sustituir los ejercicios con barra y mancuernas por ejercicios en máquinas, ya que así disminuimos la carga sobre la musculatura implicada en el agarre, que se sobrecarga en los ejercicios con peso libre.

En aquellos que practiquen deportes de raqueta también podemos hacer una serie de modificaciones , desde un posible cambio en la técnica del golpeo que pueda haber desencadenado la lesión, hasta un cambio en el tamaño de la empuñadura y en el peso de la raqueta, pues cuanto más pesada sea la raqueta y más estrecha sea la empuñadura, más fuerza tendrá que realizar la musculatura extensora de la muñeca para controlar la raqueta, exacerbando por lo tanto los síntomas. Esto último también podríamos aplicarlo a las mancuerna en el entrenamiento con pesas(11).

codera codo tenista

Uso de coderas o muñequeras

Se estima que en el 21% de las personas diagnosticadas con codo de tenista se les prescribe también el uso de coderas o muñequeras(6,14). La muñequera consiste en una férula, y la codera suele tratarse de una cinta en la parte proximal del antebrazo, muy cerca del codo. Hay mucha controversia acerca de su eficacia, y a continuación detallaremos la evidencia científica alrededor de la eficacia de las mismas.

Las muñequeras son, al menos las más usadas, unas férulas de material firme que mantienen la muñeca en posición neutra y reducen el estrés sobre los extensores. Hasta aquí todo perfecto, ahora bien, en un estudio en el que se revisaron 4614 casos de codo de tenista, no se encontró ningún beneficio en aquellos que usaron muñequera respecto de los que no(9). En ese mismo estudio observaron a 253 trabajadores con esta lesión, y vieron que aquellos que usaron muñequera tuvieron una mayor limitación en el trabajo y necesitaron más asistencia médica y tratamiento que los que no la usaron.

Las coderas suelen consistir en unas cintas de anchura variable que se colocan comprimiendo la parte proximal del antebrazo, descargando la presión en la musculatura extensora implicada del codo de tenista, y disminuyendo también la fuerza que puede generar(15). Groppel y Nirschl observaron la actividad electromiográfica de los extensores de muñeca durante el servicio o el golpe de revés en un partido de tenis, y Snyder-Mackler la contracción isométrica(15).  En ambos se obervó una diminución de la EMG. Knebel et al.(16) encontraron evidencia acerca de una mayor fatiga en la musculatura extensora cuando se usaba codera, debilitando la zona y facilitando la aparición de complicaciones secundarias. Struijs et al.(7) observó que las coderas podían ser útiles para mantener los mismos niveles de actividad, pero sólo a corto plazo y en aquellos que presenten un dolor agudo. Por último, un estudio de Van De Streek et al.(14) determinó que no había beneficios con el uso de muñequeras o coderas ni a nivel funcional ni a nivel de fuerza o dolor.

Fuentes:

Christopher M. Kaczmarek. Strength and Conditioning Journal. April 2008.

  1. Yu, J and Habib, P. Common injuries related to weightlifting: MR imaging perspective. Semin Musculoskeletal Radiol 9: 289–301, 2005.
  2. Maffulli, N and Wong, J. Types and epidemiology of tendinopathy. Clin Sports Med 22: 675–692, 2003.
  3. Wilson, J and Best, T. Common overuse tendon problems: A review and recommendation for treatment. Am Family Phys 72: 811–818, 2005.
  4. Calhoon, G and Fry, A. Injury rates and profiles of elite competitive weightlifters. J Athl Ttrain 34:232–238, 1999.
  5. Faes, M, Van Elk, N, De Lint, J, Degens, H, Kooloos, J, and Hopman, M. A dynamic extensor brace reduced electromyographic activity of wrist extensor muscles in patients with lateral epicondylalgia. J Orthop Sports Phys Ther 36: 170–178, 2006.
  6. Struijs, P, Korthals-De Bos, I, Van Tulder, M, Van Dijk, C, Bouter, L, and Assendelft, W. Cost effectiveness of brace, physiotherapy, or both for treatment of tennis elbow. Br J Sports Med 40: 637– 643, 2006.
  7. Struijs, P, Assendelft, W, Kerkhoffs, G, Souer, S, and Van Dijk, C. The predictive value of the extensor grip test for the effectiveness of bracing for tennis elbow. Am J Sports Med 33: 1905–1909, 2005.
  8. Vicenzino, B. Lateral epicondylalgia: A musculoskeletal physiotherapy perspective. Manual Ther. 8: 66–79, 2003.
  9. Dereby, V, Devenport, J, Giang, G, and Fogarty, W. The effects of splinting on outcomes for epicondylitis. Arch Phys Med Rehabil 86: 1081–1088, 2005.
  10. Murphy, K, Giuliani, J, and Freedman, B. Management of lateral epicondylitis in the athlete. Op Tech Sports Med 14: 67–74, 2006.
  11. Plancher, K, Halbrecht, J, and Lourie, G. Medial and lateral epicondylitis in the athlete. Clin Sports Med 15: 283–305, 1996.
  12. Alfredson, H, Ljung, BO, Thorsen, K, and Lorentzon, R. In vivo investigation of ECRB tendons with microdialysis technique-no signs of inflammation but high amounts of glutamate in tennis elbow. Acta Orthop Scand 71: 475–479, 2000.
  13. Levin, D, Nazarian, L, Miller, T, O’Kane, P, Feld, R, Parker, L, and McShane, J. Lateral epicondylitis of the elbow: US findings. Radiology 237: 230–234, 2005.
  14. Van De Streek, M, Van Der Schans, C, De Greef, M, and Postema K. The effect of a forearm/hand splint compared with anelbow band as a treatment for lateral epicondylitis. Prostethics Orthotics Int 28: 183–189, 2004.
  15. Anderson, M and Rutt, R. The effects of counterforce bracing on forearm and wrist muscle function. J Orthop Sports Physl Ther 15: 87–91, 1992.
  16. Knebel, P, Avery, D, Gebhardt, T, Koppenhaver, S, Allison, S, Bryan, J, and Kelly, A. Effects of the forearm support band on wrist extensor muscle fatigue. J Orthop Sports Phys Ther 29: 677–685, 1999.
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