Cómo evitar saltarse la dieta

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Contenido del artículo

Es cierto que durante estas fechas es mucho más frecuente que se realicen ciertos excesos alimenticios pero también es cierto que se prestan a intentar conseguir diferentes metas u objetivos. La entrada del nuevo año, es un buen momento para que muchas personas se propongan realizar diferentes “promesas” a lo largo del nuevo año e intentar mantenerlas en años venideros. Planes como dejar de fumar, trabajar menos horas, disfrutar más de la familia, adelgazar…

Hacer una dieta está en la agenda de muchas personas. Como dieta entendemos la programación de la ingesta de alimentos con unas determinadas características para lograr unos determinados efectos tanto a nivel estético como también con objetivos de mejorar la salud, independientemente de su efecto estético (colesterol alto, hipertensión, depresión, ansiedad…)

Ante esta situación, los psicólogos nos encontramos en nuestras consultas con una demanda muy frecuente, las personas con las que trabajamos nos comunican que“-…es que no tengo fuerza de voluntad. No consigo mantener un dieta adecuada, me la salto constantemente…” Estos son argumentos ciertos, pero erróneos ya que están viciados de origen.

Empiezo por el principio

Para poder utilizar una herramienta en nuestro beneficio, primero debemos saber cómo funciona esa herramienta tanto para darle un uso adecuado como para sacarle el máximo partido. Con nuestra mente sucede lo mismo. Hemos de partir del hecho de que la mente es nuestra y debe jugar a nuestro favor, no en contra.

Nuestra mente no reacciona bien bajo presiones, obligaciones, imposiciones, exigencias… Por eso, mucha gente dice que no tiene “fuerza de voluntad”. Nuestra mente no entiende de fuerza de voluntad. Dale un motivo, un porqué y no tendrás ningún problema con ella, es más, jugará a nuestro favor, que es lo que tiene que hacer.

Tal como ya he dicho, nuestra mente puede funcionar de muchas maneras, pero hay una que es más eficiente, mediante la cual obtenemos mejores resultados y rendimiento. Es en esta linea en la que trabajaré en el presente artículo.

Presión social

Es evidente que existe una presión social, externa a la persona que exige el cumplimiento de ciertos estereotipos como condición sine qua non para ser “aceptado socialmente”. Exige ciertos “cuerpos” como condición para formar parte del grupo de los “buenos/as, guapo/as y exitosos/as”, por lo tanto hemos de tener claras las razones y los motivos por los cuales iniciaremos una dieta y qué pretendemos obtener y conseguir con ella.

«La frustración viene provocada por una sociedad que nos pide ser lo que no somos y nos culpa de ser lo que somos» A. Jodorowsky

Motivo para iniciar una dieta

Encontrar un motivo, una razón, un porqué, refuerza la voluntad, aumenta la convicción, con ello, eliminamos la presión, las exigencias, las obligaciones. Una dieta no puede ser entendida ni concebida como una obligación si queremos que sea efectiva. Hay colegas que argumentan que las dietas engordan (sobre todo si son una obligación impuesta para contentar a alguien). Engordan porque tenemos expectativas irreales e irracionales sobre lo que vamos a obtener con ellas. Pensamos que nos gustaremos más, que gustaremos más a los demás, que nos aceptarán mejor, que nos van a querer más. Ese es uno de los grandes errores, las falsas expectativas.

Para que no abandonemos la dieta y surta efecto, no debemos esperar nada de ella. Me explico. Cuando hablaba de razones o motivos, estos deben ser sanos, saludables y constructivos. Nunca, nadie, nos aceptará o querrá solo por nuestra fachada ( si es así, mejor alejarse de esta persona, sinceramente). Nos «comprarán», se quedarán con nosotros por nuestro contenido, siempre. La fachada puede ser agradable, pero a la larga, con el tiempo, se acaba deteriorando. El contenido, en cambio, si nos lo proponemos, tiende a mejorar con el paso del tiempo.

Tengamos presente que lo que atraemos a nuestra vida es producto de la idea o creencia que tenemos sobre nosotros mismos.

Las personas que se auto-consideran joviales, vivas, activas, dinámicas, atraen hacia si personas de ese tipo, y a la inversa. Este fenómeno está muy estudiado y confirmado en psicología, se denomina “profecía de autocumplimiento”, lo que popularmente se conoce como “se crea lo que se teme”.

Profecia de auto-cumplimiento o auto-cumplida

Escuetamente, la “profecía de autocumplimiento” parte de una idea, de una creencia que acaba confirmandose a sí misma. La persona, a través de sus acciones, inconscientemente, acaba provocando la situación temida. Un ejemplo muy habitual de esto, es el caso de esa persona que piensa que los demás no confían en ella. Esa creencia, hace que se comporte de una determinada manera que a la vez, hace que la gente de su entorno detecte comportamientos “extraños” que les generan desconfianza. Ya está, profecía (auto) cumplida.

Pensamientos y acción

La Psicología Cognitiva es la rama de la Psicología que estudia cómo nuestros pensamientos, ideas y creencias condicionan y determinan nuestras emociones y nuestro comportamiento. Si pienso que no soy digno de confianza, me auto genero unas emociones acordes con esta creencia (tristeza, depresión, infla-valoración, enfado, ira…) que harán que me comporte de forma coherente con estas emociones.

Por lo tanto, si generamos ideas, pensamientos creencias racionales, sanos, saludables y constructivos, nuestras emociones también lo serán y, obviamente, nuestros comportamientos y conductas también. Es por eso que hemos de trabajar a nivel cognitivo para iniciar una dieta y mantenerla, o incluso, para decidir que no necesito hacer ninguna dieta para ser feliz.

«Planta un pensamiento y recogerás una acción«. Àlex Rovira

Son nuestro pensamientos y creencias las que utilizamos para evaluar aquello que nos sucede en la vida. Dependerá de ellos para determinar si lo que nos sucede es positivo o negativo. En función de esa evaluación (bueno-malo), nos creamos unas emociones que provocan la segregación en el torrente sanguíneo de determinadas hormonas que nos inducirán determinados estados emocionales. Por ello, es tan importante aprender a valorar/juzgar/evaluar de forma racional aquello que nos sucede en la vida. Darle la importancia que se merece y actuar en consecuencia.

Un cambio profundo se produce de adentro hacia fuera

A veces nos resulta difícil entender cómo nuestra mente afecta nuestro cuerpo, para ello, una descripción de esa relación muy clara sería entender cómo “nuestra mente se materializa en el cuerpo”.

Si aprendemos a valorar las cosas de forma más equilibrada, nuestra respuesta emocional también lo será, nuestro comportamiento o conducta se ajustará a la respuesta emocional y por lo tanto, eliminaremos de nuestra vida la impulsividad, la irracionalidad, la incontinencia verbal o la falta de “fuerza de voluntad”. La fuerza de voluntad no es útil para lograr objetivos y en caso de lograrlos, no los podremos mantener en el tiempo.

Después de esto, parece que he dejado muy claro que un motivo de “mejora estética” no cumple los requisitos necesarios para ser una razón de peso para mantener una dieta. Puede ser útil para comenzarla, pero nos costará demasiado mantenerla y, más tarde o más temprano, acabaremos abandonándola.

Comencemos por un cambio interior

Un aspecto muy positivo para poder iniciar una dieta y mantenerla es trabajar e interiorizar la aceptación incondicional de nuestro cuerpo. Solo a través de esa aceptación incondicional, conseguiremos implantar una dieta que pueda modelar nuestra figura. El pensamiento que subyace es “ miro mi cuerpo, ya me gusta cómo es, no es lo más importante en mi, la gente que me aprecia, me quiere y me valora no lo hace solo por mi aspecto físico, lo hacen porque soy buena persona. A pesar de ello, de sentirme bien conmigo mismo/a, me gustaría hacer dieta para ser más atractivo/a. Si lo consigo, bien, si no es así, no pasa nada, ya me gusto actualmente”.

Cada uno es responsable de su propia felicidad

La verdad es que en nuestra sociedad actual, damos demasiada importancia a muchas cosas que realmente no la tienen. Por ejemplo, la famosa “trilogía” salud, dinero y amor. La verdad es que desde la psicología cognitiva, ninguna de estas tres cosas son necesarias para ser feliz y para estar bien con uno mismo. Lo mismo ocurre con el aspecto o la imagen física. La salud es algo que inevitablemente acabaremos perdiendo, queramos o no, el dinero, va y viene al igual que el amor. Nuestro aspecto físico, por mucho que nos esforcemos, nunca, y digo nunca, será como queremos porque esa imagen que tenemos ni es real ni es racional, ya que viene impuesta desde fuera.

Como dije al principio, existe una demanda social y una promoción de esos estereotipos por los medios de comunicación y mercantilistas. Venden estereotipos que no existen para generar un flujo constante de actividad consumista. Si no somos capaces de detectar esta “manipulación materialista” y nos la creemos a pies «juntillas», seguramente nuestra vida no estará en nuestras manos, sino en manos de quien dicte las “tendencias para este año”.

Aprender a aceptar el propio cuerpo.

Aprendiendo a aceptar nuestro cuerpo, logramos situarnos a un nivel muy por encima de deseabilidad social. Tanto que quizá reconsideres la opción de iniciar una dieta y prefieras dedicar tu tiempo y esfuerzos a mejorar tu contenido más que tu fachada. Pero si a pesar de eso, aun estás dispuesto/a a hacer una dieta, voy a darte motivos de peso para iniciarla con fuerza y mantenerla en el tiempo.

Actividad física

Eso es. Realiza actividad física moderada. La actividad física es «mano de santo» tanto para mejorar nuestro nivel de salud como nuestro aspecto físico. Una persona que realiza actividad física con frecuencia, transmite una energía diferente. Se le percibe más sano, saludable y enriquecedor. La actividad física provoca un cansancio el cual facilita el descanso e incrementa la calidad del sueño. Esta mejora repercute positivamente en la regulación de las funciones básicas de nuestro cuerpo, entre ellas, el apetito.
La actividad física moderada controla estados emocionales de ansiedad y depresión, por lo que nuestro estado anímico será más positivo, por lo tanto, aunque no es terapia, si que es terapéutico.

Razón para hacer una dieta: salud y rendimiento mental (capacidad intelectual)

Alimentacion y salud

Una alimentación correcta aumenta nuestro rendimiento intelectual. Se ha demostrado que un desayuno completo y equilibrado mejora el rendimiento intelectual tanto de niños como de adolescentes y adultos. El aumento de glucosa en sangre que produce un buen desayuno hace que se activen las vías neuronales de ciertos neurohormonas o neurotransmisores como la Acetilcolina, la cual está relacionada con la memoria. La Acetilcolina se genera desde una vitamina que debemos ingerir con la dieta, la vit. B1, presente entre los alimentos a base de cereales como el pan integral o los cereales enriquecidos.

Unos buenos niveles de hierro en sangre nos permite mantener la concentración tanto en el estudio como en el trabajo y un buen coeficiente intelectual. La falta de hierro tiene efectos negativos sobre la memoria en niños y adultos y e los más pequeños y en los bebés crea trastornos en el aprendizaje y la atención.

El yodo es otro micronutriente que cuando tenemos niveles insuficientes afecta a la capacidad de iniciativa y a la toma de decisiones, por lo que la ingesta de pescado, marisco, carne, leche y huevos es recomendable para mantener el aporte necesario.

Aunque no sea un nutriente, mantener un adecuado nivel de hidratación resulta imprescindible para un buen rendimiento ya no solo físico, sino que también intelectual.

Así, nuestra facultad de reflexionar con claridad no depende únicamente de la calidad de las últimas comidas ingeridas. La capacidad intelectual también se ve afectada a largo plazo por la calidad nutritiva de la dieta en general.

Conclusión

Después de lo expuesto en el artículo, considero de vital importancia revisar aquellos patrones de pensamiento que nos pueden hacer pensar en iniciar una dieta. Reflexionar si son adecuados o no (racionales, realistas) ya que de ellos dependerá que nuestros motivos sean consistentes para mantenerla en el tiempo y que forme parte de nuestra vida para siempre.

Fuentes bibliográficas

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