Los peligros de la publicidad de la industria alimentaria para los más pequeños

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Todos los años se repite el mismo proceso para miles de familias con la vuelta a los colegios: compra de material, compra de uniformes, niños llorando, niños corriendo a ver a sus amigos… Y una misma estampa que, de forma silenciosa, se cuela en nuestras vidas año tras año sin que le prestemos la más mínima atención pero que de forma continuada va haciendo mella en nuestras vidas y, lo que es peor, en la salud de los más pequeños. Hablo de la publicidad y las ofertas.

¿Alguien ha visto alguna vez una oferta del tipo «Compra 3 kilos de manzanas y paga sólo 2»? Si es así… Por favor, enviadme una foto porque no me lo creo. Sin embargo, los 3×2 en bollería industrial, chocolatinas, dulces, productos ultraprocesados… e incluso ofertas en la venta de alcohol junto con el eslogan «La vuelta al cole» son, por desgracia, más comunes de lo que nos gustaría.

El "Plato de Harvard" ha actualizado la pirámide alimentaria

¿Cómo deben alimentarse los niños correctamente?

Durante el curso escolar, los niños llevan una alimentación (no voy a analizar ahora mismo si buena o mala) más o menos «controlada», ya que suelen seguir un patrón continuo durante la semana debido a la repetición de sus horarios: desayuno, clase, recreo/almuerzo, comida, merienda/parque, cena. Y vuelta a repetir al día siguiente. Si los patrones alimentarios fuesen como deben, no habría ningún problema en este esquema. Fácil y sencillo de seguir por los más pequeños y una ayuda para los padres. Y vamos a suponer que los fines de semana la alimentación es la que debería ser (quizás me estoy poniendo demasiado optimista en este punto).

Pero acaba el curso escolar y llega el verano, con su piscina, sus 24 horas de descanso, relax y diversión, con sus helados, sus chucherías… Casi 3 meses en los que los niños pasan prácticamente todo el día sentados ante la televisión comiendo (por llamarlo de algún modo) lo que les gusta y apetece y jugando 2-3 horas con sus amigos en el parque o en la piscina (bueno, al menos algo de actividad física hacen, ¿no?. Podría ser peor).

Pero, ¿realmente se diferencia en algo la forma de alimentarse durante el curso del «modelo veraniego»? Desde mi punto de vista sólo existe una diferencia (en la mayoría de casos, ya que siempre habrá quién lo haga de forma correcta) entre ambos periodos: la cantidad de comida que ingieren los niños.

Desde luego, en verano ingieren mucha más comida de la que deberían, ya que pasan más tiempo en casa y esto implica una mayor oferta alimentaria (además de lo señalado en diversos estudios que afirman que un niño viendo la televisión ingiere más cantidad de comida).

Los helados son una fuente de azúcares nada beneficiosas

El problema de los excesos alimenticios en verano

Y con el verano llegaron los excesos (bueno, con cada periodo vacacional llegan). Aparecen (más aún) en escena los refrescos, los helados (tranquilamente un niño puede comerse uno al día durante toda la semana), los excesos con las chucherías en el parque (raro es el niño al que su madre/padre no le compra cada día alguna para «merendar»)… Y este es el ciclo que se repite durante los casi tres meses que dura el periodo estival: un exceso continuo de ingesta de «calorías vacías» que en nada contribuyen a nuestra salud, al contrario, lo único que hacen es interferir en un correcto desarrollo de los menores en su etapa de crecimiento (y ojo, que los adultos no se quedan cortos con los excesos veraniegos).

Lo único que podría aliviarnos un poco la negrura del panorama es que los niños correteen en el parque y en la piscina, pero claro, para quemar la desorbitada cantidad de calorías que ingieren a través de todos esos productos antes mencionados, deberían estar el resto del día corriendo (y quizás ni así lo lograrían…).

Peligros de las calorías vacías en niños

El peligro de las ofertas de alimentos en la vuelta al colegio

Y con el fin del verano, podemos pensar, se acabaron los excesos y empezamos a retomar una alimentación correcta. ¿Esto pinta bien, no? Pues vamos a ver como no sólo no retomamos lo que debería ser una buena alimentación, sino que además la empeoramos (más adelante analizaremos las culpabilidades).

Os propongo lo siguiente: Acudid a un centro comercial justo en esta época de vuelta al colegio y observad. ¿Os llama algo la atención? ¿Hay algo que haga que os chirríen los ojos? Dejadme que os ponga un ejemplo gráfico y lo analizamos:

Ofertas de alimentos peligrosas en los centros comerciales

Lo que viene a decir la imagen (si nos ceñimos a lo que vemos) es que con la vuelta al cole volvemos a consumir alcohol y por eso sacamos esta oferta. Este tipo de publicidad distorsiona la realidad y confunden a la gente, ya que cuando un niño vea esto lo asociará como algo normal, ya que él no entiende lo que está viendo (o mejor dicho, no sabe analizarlo como lo haría un adulto).

Pero no penséis que esto ocurre sólo con el alcohol. Con la vuelta de los colegios, el ambiente obesogénico que nos rodea crece exponencialmente como ya hemos mencionado: ofertas del 3×2 en donuts, chocolatinas, caramelos, productos ultraprocesados (pizzas, salchichas, botes de patatas…), bollería industrial, cereales… Es algo así como una especie de «apocalipsis alimentario«.

Ofertas de bollería industrial

¿Quién tiene la culpa de ofertar productos alimenticios dañinos?

1. Las familias

Quien finalmente compra el producto que está promocionado y en oferta y lo consume es la familia que va a hacer la compra al súper del barrio o al centro comercial de turno. Ellos son los que eligen comprar la ofertas de 3×2 en donuts y no 3 kilos de naranjas o 2 bandejas de zanahorias (lo eligen por la enorme disponibilidad de unas ofertas y la ausencia de otras y por el abaratamiento del coste que les supone para su economía). Las familias crean la demanda de producto.

Vigilar la alimentación de los niños

2. La industria

La industria es la responsable de la oferta de productos que existen en los supermercados y centros comerciales a disposición de las familias y, evidentemente, si no tuvieran demanda de dichos productos, no los fabricarían. Además, la industria sabe muy cómo realizar campañas de neuromarketing para malear las mentes de los consumidores, y dirigen estas campañas a los niños, ya que es mucho más fácil moldear y convencer a un niño que a un adulto.

Otro de los problemas que introducen en nuestras vidas las diferentes industrias y marcas, y por el cuál todos estos productos son tan perjudiciales para nuestra salud, es que para lograr un abaratamiento de costes recurren a ingredientes lo más baratos posibles sin pararse a pensar si son o no perjudiciales para nosotros (en especial para los más pequeños).

Las ofertas en la versión "grande" de los chocolates son habituales

3. Las autoridades sanitarias

Que un producto insano o perjudicial para el consumo humano esté en el mercado es culpa, mayormente, de las autoridades encargadas de velar porque esto no ocurra. En España, supuestamente (y digo supuestamente porque se trata de algo voluntario adherirse a ello) se creó el Código PAOS para regular la publicidad dirigida los más pequeños, pero si nos fijamos bien podemos comprobar que esto no se cumple ni, tan siquiera, se acerca.

Uno de los principales problemas por los que las autoridades muestran un continuo inmovilizo al respecto es por el llamado «cruce de intereses», ya que en muchos casos se ha podido comprobar cómo dirigentes de una u otra empresa o marca comercial formaban parte de los órganos directivos y/o ejecutivos de las mencionadas autoridades sanitarias. Es más, podemos llegar a ver incluso como ciertas asociaciones del sector de la salud permiten el uso de su logotipo (y hasta recomiendan el consumo) en alimentos ultraprocesados.

Por ejemplo, en España surgió la polémica de que la Asociación Española de Pediatría que «trabaja para la alimentación infantil» recomendara consumir unas galletas con un 21% de azúcar.

La Sociedad Española de Pediatría avala galletas con 20% de azúcar

4. Las superficies comerciales

El punto de unión entre el fabricante u oferta y el consumidor o demandante del producto. Evidentemente, un establecimiento comercial sólo se preocupa de su beneficio económico, y lo único que le interesa es que si hay demanda, el suministra la oferta. Y punto. ¿Y qué hacen? Proveer amplios estantes, baldas, montajes de puestos… que se caracterizan por llamativos colores y ofrecer regalos por comprar dichos productos. Ningún escrúpulo ni resentimiento.

Obviamente, atendiendo a la demanda, van a ganar más si ofertan un 3×2 en bollería que si lo hacen en fruta… ¿O quizás no? Quizás, si la educación alimentaria fuera la adecuada, se podría invertir esta situación y, en el futuro, quién sabe si podríamos llegar a ver un 3×2 en frutas o verduras y a los ultraprocesados relegados a un rincón como producto ocasional…

Los cereales de desayuno son un "alimento" típico en todos los hogares

Conclusión

Cuando entramos en el supermercado para hacer la compra y vemos todas estas ofertas, nuestro bolsillo respira aliviado porque podemos comprar todo aquello que supuestamente necesitamos? Sin embargo, viendo las repercusiones y consecuencias que la alimentación actual puede tener en nuestro futuro, deberíamos preguntarnos si realmente merece la pena ahorrarnos ese dinero en nuestra alimentación para, años más tarde, sufrir problemas de salud por no haber cuidado nuestra alimentación (diabetes, sobrepeso, problemas cardiorespiratorios, ACV’s…).

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