¿Puede una persona más fuerte vivir más?

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Contenido del artículo

¿Puede realmente nuestra fuerza reducir nuestro riesgo de mortandad? ¿Juega un papel importante la cantidad de músculo cuando nos llega la hora? No voy a soltar un rollo sensacionalista, quien haya leído otros de mis artículos lo sabe. Tenemos que remontarnos a los años 2000 y 2005 para encontrar dos estudios de vital importancia a la hora de saber si realmente los más fuertes o los más «musculosos» viven más. ¿Realidad o ficción? Dejemos a la ciencia hablar…

Los estudios

Instituto Nacional de Salud, Maryland, 2000.

Se realizó en 6040 hombres sanos de entre 45 y 68 años residentes en Oahu, Hawaii.  Se hicieron test de fuerza de agarre y mediciones del Índice de masa corporal (IMC) desde 1965 a 1970 para, después, estudiar la mortalidad durante 30 años (de ahí su publicación en el año 2000).

Los modelos se ajustaron según edad, educación, profesión, tabaquismo, actividad física y peso corporal.

Universidad de Pittsburg, 2006

Se realizó en 2292 pacientes de entre 70 y 79 años donde el 51,6% eran mujeres. Se examinó los ratios de mortandad en todos ellos y se aplicaron patrones estadísticos según su sexo, fuerza, grasa corporal, tabaquismo, raza, nivel de actividad física, altura, señales de inflamación, proteína reactiva y factor tumor necrosis.

Dicho estudio quería demostrar si hay una relación entre la mortalidad, fuerza y masa muscular. Para ello, la fuerza se midió con un dinamómetro isocinético la fuerza de extensión de rodilla y la fuerza del agarre. Mientras tanto, para la cantidad de músculo, se midió el área muscular del muslo con tomografía computarizada (un escáner) y la masa muscular magra del tejido blando tanto en piernas como en brazos mediante densitometría ósea.

Resultados

Instituto Nacional de Salud, Maryland, 2000.

Los ratios de muerte por cada 1000 personas fue de 24.8 en el grupo con fuerza de agarre más débil, 18.5 en el grupo intermedio y 14.0 en el grupo con mayor fuerza de agarre.

El IMC demostró tener un efecto mínimo en el riesgo de mortalidad mientras que, en cada categoría según el IMC, el riesgo de mortalidad decreció según aumentaba la fuerza de agarre.

Universidad de Pittsburg, 2006

Hubo un total de 286 muertes. Tanto la fuerza de agarre como del cuádriceps estuvieron fuertemente relacionados con la mortalidad. El riesgo de muerte por cualquier causa en hombres más débiles fue 1.51veces mayor que en los más fuertes. Para las mujeres más débiles, el ratio fue de 1.65.

Por su parte, el tamaño del músculo no estuvo estrechamente relacionado con la mortalidad.

Conclusiones

Instituto Nacional de Salud, Maryland, 2000.

«En hombres sanos de mediana edad, el riesgo de mortalidad al largo plazo estuvo asociado con la fuerza de agarre, independientemente del IMC. La posible interpretación de estos hallazgos sea que las mejoras en fuerza en las primeras etapas de la vida tengan implicaciones al largo plazo a la hora de disminuir el riesgo de mortalidad. Además, las mejoras en fuerza pueden proveer por si solas mejoras fisiológicas y funcionales que protejan contra la mortalidad».

Universidad de Pittsburg, 2006

«La poca cantidad de músculo no explicó la fuerte relación que hay entre fuerza y mortalidad, demostrando que la fuerza del músculo como indicador de calidad es mucho más importante que la cantidad de músculo a la hora de estimar el riesgo de mortalidad.»

Acaba importando la calidad del músculo, medido como la fuerza que posee, y no la cantidad. Esta no es más que otra evidencia de que los entrenamientos con resistencias adicionales (pesas) deben centrarse en las mejoras de fuerza para una mejor calidad de vida. Aquellos entrenamiento que buscan la congestión y la hipertrofia sarcoplasmática, si bien obtienen algunos beneficios estéticos, no ven incrementada su fuerza y, por tanto, las mejoras en salud se minimizan (aunque siguen existiendo).

Las mejoras en la calidad de vida no entienden de edad, sexo o raza. Nunca es tarde para sentirse mejor con uno mismo ni para mejorar nuestra fuerza, una persona por el simple hecho de ser mayor no tiene que dejar de lado su salud física y puede entrenar perfectamente. Por supuesto, al igual que en menores, este entrenamiento debe de ser supervisado por un especialista que acomode el plan de entrenamiento al estado físico y la edad de la persona.

Fuentes

Anne B. Newman, Varant Kupelian, Marjolein Visser, Eleanor M. Simonsick, Bret H. Goodpaster, Stephen B. Kritchevsky, Frances A. Tylavsky,Susan M. Rubin, Tamara B. Harris. «Strength, but not muscle mass, is associated with Mortality in the Health, aging and body composition stud cohort». University of Pittsburgh, 2005.

Rantanen T, Harris T, Leveille SG, Visser M, Foley D, Masaki K, Guralnik JM. «Muscle strength and body mass index as long-term predictors of mortality in initally health men». Meryland, 2000.

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