Trasplante de heces: ¿una nueva forma de salvar vidas?

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Contenido del artículo

¿Habías escuchado hablar alguna vez del trasplante de heces? Se trata de un tratamiento que, aunque parece innovador, la realidad es que comenzó a practicarse en 1983 hasta que su aplicación se suspendió en 2019. Este procedimiento está recomendado para una enfermedad específica, el Clostridium Difficile y la infección que genera.

Los bacilos, ¿detrás del trasplante de heces?

Nos parece una modernidad, pero para hablar del trasplante de haces tenemos que remontarnos un poco en el tiempo. Todo comenzó en 1935 en Denver, Colorado, Estados Unidos. Aquí los microbiólogos Ivan C. Hall y Elizabeth O’Toole tenían la intención de estudiar a fondo la flora intestinal de los recién nacidos, pues la mortalidad perinatal era bastante elevada y una de las causas de muerte de los niños estaba relacionada con una inflamación en el colon: la enterocolitis necrotizante.

Después de estudiar los casos, determinaron que si los niños enfermaban a causa de unas bacterías era porque no las traían de serie y, en consecuencia, no eran inmunes a ellas; lo que ocasionaba la muerte de los pequeños. Sin embargo, había una bacteria particularmente resistente y muy difícil de aislar y que, al inyectarla en animales para su estudio, los animales morían por una enfermedad que se parecía mucho al tétanos.

El trasplante de heces combate la bacteria causante de la colitis

Al nuevo microorganismo descubierto lo llamaron bacillus y, por dar mucho trabajo para aislarlo le apellidaron difficile. Eventualmente, se cambió su nombre por clostridium difficile por su apariencia similar al responsable del tétanos: clostridium tetani. El mayor problema del bacillus difficile es su gran resistencia así como su capacidad para ocultarse en todo cuanto nos rodea en forma de espora.

Fue en 1973 cuando se descubrió que el clostridium difficile se transporta a través de las heces. Un grupo de investigadores metieron una cámara en el intestino y vieron que esta bacteria era capaz de desestructurar las paredes del colon y formar una especie de telarañas en el interior; a estas las llamaron pseudomembranas. Fue así como describieron a la colitis pseudomembranosa, causante de grandes cuadros diarreicos.

El clostridium difficile vive en el intestino, rodeado por bacterias y aguarda hasta que un desequilibrio intestinal lo desencadena. Suele aparecer en las personas mayores o en la gente hospitalizada y bajo grandes tratamientos de antibióticos. Todas las bacterias desaparecen, a excepción del clostridium difficile. Aquí es cuando comienza a crecer, reproducirse y generar daños en el organismo.

Trasplantar heces, ¿por qué no?

Vayamos por partes. Cuando hay una infección por clostridium difficile, lo más lógico y coherente sería suministrar antibióticos, ¿no? Como ya adelantábamos, este resiste a los antibióticos; entonces, lo ideal es iniciar un tratamiento con medicamentos que sí puedan hacer daño a la bacteria. ¿La gran sorpresa? Que el clostridium difficile es muy difícil y capaz de resistir y esconderse. Es por eso que la colitis no deja de ir y venir con frecuencia en las personas que la padecen.

En 1983, en Suecia, surgió la idea de hacer un trasplante de heces. Fue la doctora A. Schwan quien propuso la que entonces parecía una idea descabellada. Todo se debió a una paciente de 65 años a la que le habían extirpado parte del colon y, a pesar de eso, la colitis pseudomembranosa continuaba apareciendo de forma continua. Sucedía que, como los episodios eran tan repetitivos, la flora de la paciente no alcanzaba a regenerarse.

La idea del trasplante era restituir la microbiota de la mujer para ayudar a aplacar al clostridium difficile. Para ello, el esposo de la mujer donó una muestra de heces que se prepararon y se suministraron a la mujer a través de enemas. Si te estás preguntando si la mujer sobrevivió o no al trasplante de heces, te contamos que no solo sobrevivió sino terminó por curarse. Fue a partir de entonces cuando se consideró la posibilidad de implementar este trasplante como tratamiento y se buscaron maneras de administrar mejor las heces.

Desde entonces, los trasplantes se utilizaron como un tratamiento real y se hicieron múltiples ensayos clínicos que demostraban su eficacia. De hecho, según un ensayo de 2013, publicado en la New England Journal of Medicine ocho de cada diez pacientes con clostridium se curaban gracias al trasplante de heces.

¿Por qué ya no se realizan los trasplantes?

Desde 1983 cuando se hizo por primera vez, hasta 2019, el trasplante de heces era una realidad. Fue precisamente hace dos años cuando cayeron en desuso. Esto se debe a que, debido al tratamiento, se presentaron dos cuadros infecciosos de gravedad que ocasionaron la muerte del paciente. Esto se cree que ocurrió porque los pacientes a los que se les aplica este procedimiento suelen ser personas mayores e inmunodeprimidos.

Este tratamiento se aplica desde 1983

Para intentar solucionar este problema, los investigadores deben darse a la tarea de escrutar las heces para encontrar bacterias que sean más peligrosas y representen un mayor riesgo para los pacientes. Es decir, desechar heces que sean peligrosas y no supongan un beneficio terapéutico.

Así es un trasplante de heces

El primero fue por enema, pero los médicos tuvieron suficiente tiempo para encontrar nuevas maneras de aplicar este tratamiento. Así, en los últimos tiempos, las heces se suministraban tanto de forma oral como por sonda. ¡Tranquilo! No significa que una persona tuviera que comerse literalmente las heces de un donante, sino que estas se prepararban en cápsulas especiales para tales fines. El método de Schwan no se descartó por completo; algunos pacientes siguieron recibiendo enemas. También se suministraba a través de infusiones líquidas que se insertaban a través de una colonoscopia.

Al principio se utilizaban heces de la familia del paciente, pues se creía qu ela genética tenía cierta implicación en el contenido de las heces. Con el tiempo, se comenzaron a trasplantar las heces de donantes anónimos. El único requisito es que sean personas sanas y que no tengan enfermedades crónicas ni padecimientos de tipo infectocontagiosas, como la hepatitis C.

En un trasplante de heces lo más importante es restaurar la microbiota o flora intestinal de los pacientes. Esto ayudaría a restaurar el equilibrio del intestino y lograr aplacar al clostridium difficile; erradicar la infección causada por este parásito hasta que la persona esté totalmente curada. Pero el problema de un trasplante de materia fecal es que se introducen al organismo heces de otra persona que están plagadas de cepas de múltiples bacterias y virus; microorganismos que han aprendido a desarrollarse en el organismo de otra persona.

Con esto queremos decir que todos tenemos virus, bacterias, hongos y microorganismos en nuestro intestino, pero son nuestros virus, bacterias, hongos y microorganismos. Y la manera en la que estos se desarrollan en el intestino de una persona no va a ser igual a como lo hagan en el de otra persona. ¿Es sano y equilibrado tener todos estos microorganismos en nuestro intestino? Es totalmente sano siempre y cuando esta flora intestinal se desarrolle en un entorno saludable, de lo contrario, empiezan a aparecer serios problemas para la salud.

Un ejemplo sería, por ejemplo, trasplantar las heces de una persona con obesidad a otra persona. Es posible que la flora intestinal del donante juegue un papel crucial en la obesidad del mismo y, al trasplantarse a otra persona a través de las heces, crear en el receptor una tendencia a la obesidad.

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