Origen y evolución del “Mens sana in corpore sano”

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Contenido del artículo

Todos los deportistas hemos escuchado y utilizado esta cita en numerosas ocasiones. Lo lógico es pensar que el mensaje que pretende transmitir es que la “salud mental” se encuentra en los “cuerpos sanos”. Normalmente interpretamos “cuerpo sano” como aquel que carece de enfermedades y es totalmente funcional, y para esto el deporte es necesario, de ahí la relación que se le ha buscado a esta cita con el deporte.

Una fantástica forma de promocionar el deporte, que incluso fue clave en la instauración de los Juegos Olímpicos Modernos de la mano de Pierre de Coubertin. Sin embargo, en sus orígenes no hubo ningún vínculo con el deporte, ¿de dónde viene esta famosa cita? ¿qué propósito perseguía su autor?

Orígenes del “Mens Sana in Corpore Sano

Al contrario que con muchos refranes y citas, el origen de la que nos ocupa es totalmente conocido. Apareció por primera vez en un texto de contenido religioso de Juvenal, un reconocido poeta latino. La obra de la que estamos hablando es “Las Sátiras” y pertenece al siglo I d.C.

Para entender el contenido de “Las Sátiras” antes debemos conocer el contexto de la sociedad en la que se desarrolló. En el pueblo romano comenzaron a aflorar las raíces del cristianismo, siendo Juvenal uno de sus seguidores. Por tanto, tenemos una sociedad politeísta en la que la mayoría de la población rezan a todo tipo de dioses por cualquier cosa, habiendo una minoría (cristianos) que rezan a un solo Dios.

El objetivo de esta obra de Juvenal era:

  • Por un lado, ridiculizar con un lenguaje satírico el culto a muchos dioses.
  • Y por otro, cambiar la mentalidad en las oraciones, no se puede rezar por todo, sólo debemos rezar por las cosas realmente importantes.

Con la cita del “Mens Sana” podemos ver reflejado el segundo de estos objetivos, es decir, la cita completa es:

«Orandum est ut sit mens sana in corpore sano»

Cuya traducción sería algo parecido a: «Uno sólo debe rezar por una mente sana en un cuerpo sano».

Como podemos apreciar, no hay nexo de unión con el deporte ni con la actividad física, ni siquiera con la medicina o la psicología. El objetivo de Juvenal al escribir estas palabras no era otra que evitar que los «nuevos cristianos» rezaran por cualquier cosa, diciendo que sólo se debe rezar por las cosas realmente importantes, como poder disponer de salud mental y física.

Así pues, ya hemos comprobado que los orígenes de esta cita no están ligados al deporte. Entonces, ¿cuándo se produjo esta relación y con qué objetivos? Sigue leyendo para conocer esta evolución.

La degradación del cuerpo y el ejercicio físico

Para dar el siguiente paso en la historia actual debemos trasladarnos a la Antigua Grecia. Famosa por ser la cuna de los Juegos Olímpicos Antiguos, además de diversas competiciones y juegos. Los deportistas fueron laureados, auténticos héroes en aquella sociedad, incluso comparados en diversos escritos con dioses y semidioses. Pero no toda la sociedad alababa las hazañas de los deportistas.

Había una corriente filosófica que se oponía el ejercicio físico y a este tipo de juegos y competiciones. Se cree que esta oposición era fruto de la envidia de despertaban los atletas en los filósofos, pues eran mucho más laureados e idolatrados que ellos, pero son suposiciones. Podemos decir que el comiendo de esta corriente está marcado por Aristóteles, y su idea de la separación entre el cuerpo y la mente (dualidad), defendiendo que ambos conceptos eran antitéticos, es decir, entrenar el cuerpo suponía un detrimento en el intelecto, y viceversa.

Mens Sana Comic

Este concepto fue acogido por otros autores de la Antigua Grecia, como Isócrates, que defendía que el entrenamiento del cuerpo siempre debía estar subordinado al de la mente, que era el realmente importante. Asimismo, podemos rescatar el siguiente fragmento de Eurípides:

«De la gran cantidad de males que hay en toda Grecia, ninguno es peor que la raza de los atletas… esclavos de sus mandíbulas y vientres»

Sin embargo, Eurípides no oponía el entrenamiento del cuerpo al de la mente, es decir, maldecía a los atletas, pero no decía que fueran estúpidos. Esta noción fue acuñada por Aristóteles, con su dualismo mente-cuerpo como dije antes, y desarrollada por Dión Crisóstomo y Galeno. Aquí podemos ver un fragmento de cada autor sobre esta cuestión:

«Estos hombres inútiles (atletas) deberían ser cortados y servidos en un banquete… Realmente creo que los atletas tienen menos inteligencia que un cerdo» (Dión Crisóstomo, siglo I d.C.)

«Los atletas nunca han soñado con nada relacionado con la mente… Están tan faltos de razonamiento que ni siquiera saben si tienen cerebro… Ellos no pueden usar la lógica en absoluto – son tan tontos como los animales… Viven como los cerdos, sólo que los cerdos no hacen un exceso de ejercicio ni fuerzan la comida como hacen los atletas» (Galeno, siglo II d.C.)

Si damos un salto en la historia, podemos ver cómo el Cristianismo de la época medieval acogió estas ideas en su filosofía. Muchos autores griegos relacionaban la mente con el alma, tanto es así que en muchas ocasiones utilizaban estos conceptos indistintamente (como ocurre en la obra de Isócratos o Platón). Por otro lado, el objetivo principal en la vida de todo Cristiano debería ser la salvación de su alma. La consecuencia está clara, el Cristianismo medieval devaluó el deporte y la competición deportiva, así como el sexo y el resto de actividades físicas, por estar en contraposición con el alma. Tanto fue así que no sólo las competiciones deportivas eran mal vistas, sino que cualquier cuidado físico también, lo cuál llevó a la sociedad a unos niveles de insalubridad debido a la falta de higiene y cuidado corporal muy importante. En este clima, las enfermedades aumentaron drásticamente. Es lo que algunos pensadores, entre ellos Pierre de Coubertin, denominaron como el «odio a la carne» («hatred of the flesh«) del Cristianismo.

La posición más extrema, dentro del Cristianismo, con respecto a este tema fue la de la corriente del Opus Dei, quienes defendían que «el maltrato del cuerpo conduce a la salvación del alma». Dando lugar a rituales de auto-flagelaciones con el objetivo de purificarse, o de absolver su alma de los pecados cometidos.

En la siguiente y última sección de este artículo hablaremos de la vuelta de la cita que estamos analizando a la sociedad, las razones, su vínculo con el deporte y los Juegos Olímpicos Modernos, así como la importancia que tuvieron Pierre de Coubertin o Charles Kingsley en este proceso.

Reaparición del «Mens Sana in Corpore Sano»

Ante el panorama explicado en el apartado anterior, comenzaron a surgir otras corrientes, desde el propio Cristianismo que apoyaban el cuidado de la salud y el ejercicio físico. Estamos hablando, principalmente, de lo que se conoce como Cristianismo Muscular. Corriente que surgió en el siglo XVIII, más concretamente en 1762 en la obra «Emile» de Rousseau, en la que introdujo la idea de que la educación física es importante para la moralidad. Este movimiento siguió creciendo gracias al clérigo Charles Kingsley, y su íntimo amigo Thomas Hughes, autor de la obra «Tom Brown’s Schooldays» en la que relata la importancia del deporte en el curriculum de este personaje durante su carrera académica. El mismo Pierre de Coubertin alaba esta obra y dijo que no sólo le sirvió de inspiración para su trabajo (relacionado con el deporte), sino que también le sirvió como una guía para su vida.

Tenemos pues, que en el siglo XVIII comienza la revalorización del deporte dentro de la sociedad Cristiana. Acontecimiento muy importante que permitió la proliferación de gimnasios y sociedades deportivas, así como la práctica deportiva en el ámbito académico.

Medalla Mens Sana

En este contexto es en el que encontramos de nuevo la famosa cita: «Mens Sana in Corpore Sano». La primera vez que fue utilizada en relación con el deporte fue en Liverpool, en 1861. John Hulley lo utilizó como lema en su gimnasio en esta ciudad, y además realizó un concurso en el que premiaba al mejor ensayo que hablara sobre este tema, entendiendo Corpore Sano como un cuerpo que realiza ejercicio físico. El lema tuvo una buena acogida y se propagó por multitud de sociedades deportivas y gimnasios en Inglaterra. Llama la atención el siguiente párrafo que aparece en un periódico inglés del año 1864:

«El logo que las Sociedades Olímpicas de Gran Bretaña han adoptado, puntualiza la mayor concepción de la humanidad. Tener una mens sana in corpore sano». (Shrewsbury Chronicle, 9 Sept. 1864)

La fuerza de este lema fue brutal, pues estamos hablando de una cita de un importante poeta cristiano, presentada ante una sociedad cristiana que creía que su religión infravaloraba el deporte, y ahora sus ojos se abrían a este nuevo mundo.

Pierre de Coubertin, fundador del COI (Comité Olímpico Internacional, en 1890) y protagonista en la aparición de los Juegos Olímpicos Modernos (Atenas, 1896) acogió con gusto este mismo lema, finalizando muchos de sus discursos con él, hasta que acabó convirtiéndose en el lema oficial de los Juegos Olímpicos Modernos.

Sin embargo, el propio de Coubertin en 1902, opinó que el lema había perdido fuerza, que se habí utilizado demasiado y había pasado a ser un producto de publicidad y marketing, provocando una pérdida en la fuerza del mensaje que transmitía en esta sociedad. Con este argumento propuso cambiar el lema por este otro: «Mens Fervida in Corpore Lacertoso«, cuyo significado es algo similar a: una mente ardiente (o pasional) en un cuerpo musculoso. Ni que decir tiene que la repercusión de este lema no fue para nada comparable a la del lema inicial.

Fuentes

Young, D. (2005). Mens Sana in Corpore Sano? Body and Mind in Ancient Greece. The International Journal of the History of Sport, 22:1, 22-41.

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3 comentarios en «Origen y evolución del “Mens sana in corpore sano”»

  1. Jairo, un artículo espectacular. No cabe duda que para saber dónde estamos tenemos que saber de dónde venimos. Desde el punto de vista psicológico es apasionante ver cómo van cambiando los pensamientos y las concepciones de la vida a lo largo del tiempo y entendemos porqué los psicólogos tenemos que esforzarnos tanto para desmontar científicamente mitos tan arraigados como la dualidad mente-cuerpo, algo que aún hay muchas personas que siguen defendiendo a capa y espada, mitos implantados, tal como tu dices, ya en la época de Aristóteles.
    Gran artículo. Muy estimulante

    Responder
  2. Jairo, te felicito por tu artículo, es estupendo, y desde luego una aportación muy importante al ámbito del conocimiento de las Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, donde a menudo utilizamos esta máxima, sin saber de donde viene y el por qué de la misma.
    Como docente en una Facultad de Ciencias de la Actividad Física pienso que una de las lagunas importante de nuestra disciplina es el escaso conocimiento de la fundamentación histórico-filosófica de la misma, transmitiendo en muchas ocasiones la idea de que todo lo relacionado con sus contenidos surgió en el siglo XIX, y antes fue una página en blanco. Muy interesante, te animo a que sigas en esta línea.

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  3. Jairo… Además de enviarte mis felicitaciones por este brillante artículo, te pido por favor me ayudes a entender algo: Dices en relación al lema de Mente sana en cuerpo sano, que «Pierre de Coubertin lo acogió con gusto, finalizando muchos de sus discursos con él, hasta que acabó convirtiéndose en el lema oficial de los Juegos Olímpicos Modernos.» Pero ¿no fue (y sigue siendo) el lema oficial «Citius, Altius, Fortius» en las competiciones Olímpicas?
    Saludos

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