Ejercicio y Sistema Inmune (I)

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Contenido del artículo

Toda persona que realice entrenamiento físico de alta intensidad, ya sea a nivel profesional o aficionado, puede experimentar un ‘bajón’ inmunológico cuando somete a su cuerpo a un gran estrés (volúmenes e intensidades superiores a los habituales de forma prolongada). A veces ocurre cuando queremos ganar fuerza, volumen, velocidad o cualquier otro aspecto demasiado deprisa, es lo que solemos denominar sobreentrenamiento.

Sin embargo, superar los propios límites es algo asociado muchas veces al propio entrenamiento, por lo que se nos plantean preguntas: ¿Es perjudicial el ejercicio intenso para mi sistema inmune? ¿Cómo es posible evitar los bajones inmunológicos? Vamos a intentar resolver estas cuestiones.

Efectos del ejercicio

En primer lugar hay que considerar que el efecto del ejercicio físico moderado sobre el sistema inmune es, a tenor de las revisiones científicas (1-3), positivo: Un entrenamiento habitual reduce el riesgo de sufrir infecciones en comparación con la población sedentaria. Este es uno de los numerosos efectos beneficiosos del ejercicio y se aparece a cualquier edad.

El problema aparece al sobrepasar cierto umbral de entrenamiento, a partir del cual el sistema inmune se ve alterado debido. Esto ya fue estudiado hace más de una década en la Universidad de Queensland (4), donde se plantearon valorar los efectos del ejercicio en parámetros inmunes.

Los resultados mostraron cómo el ejercicio de intenso perjudicaba las concentraciones de varios tipos de nuestras células de defensa, así como de sustancias químicas que modulan la respuesta inmune (citoquinas). Estas sustancias, como se vio en más estudios, indican que tras ejercicios extenuantes los deportistas tienen una respuesta inmune, tanto natural como adaptativa, atenuada (5-8).

Otro estudio interesante lo realizaron científicos del Athletic Club de Bilbao (9), en el que analizaron multitud de parámetros hormonales (testosterona, cortisol, catecolaminas, hormona de crecimiento, etc.) durante largos periodos de entrenamiento intenso, como es el realizado por los equipos de las categorías inferiores del club. Se concluyó que el ejercicio intenso generaba un ambiente desfavorable para la respuesta inmune, ya que tanto el cortisol como la epinefrina generadas inhiben la producción de las mencionadas citoquinas.

Por tanto, existe un sustrato biológico que sustenta estudios (10-13) en los que se vio como los atletas de competición (no profesionales) presentaban una mayor incidencia de dolores de garganta, así como una mayor duración de los resfriados. Este hecho está directamente relacionado con un menor rendimiento deportivo.

Curva

La aplicación práctica que se deriva de los múltiples estudios suele representarse con este modelo, en el que se aprecia como la mejor situación inmunológica se da con un ejercicio moderado en cantidad e intensidad (que se traduce en un menor riesgo de infecciones de vías respiratorias superiores). Sin embargo, si aumentan de forma importante, el riesgo es mayor incluso comparando con la población sedentaria.

Clave: una buena planificación

La mejor forma de evitar, por tanto, el deterioro inmunológico es prevenir las situaciones mantenidas de grandes volúmenes e intensidades de ejercicio, o el sobreentrenamiento. Para ello es vital una buena planificación y periodización del entrenamiento, especialmente en aquellos corredores o ciclistas de largas distancias que compitan durante buena parte del año. Sin embargo, por la exigencia de este tipo de disciplinas a menudo es imposible evitar las repercusiones negativas sobre el sistema inmune, y es aquí donde se puede plantear el uso de suplementos para intentar disminuir esas repercusiones, como veremos en el próximo artículo.

Fuentes:

  1. Brolinson PG, Elliot D (2007) ‘Exercise and the immune system.’ Clinical Sports Medicine 26(3):311–19.
  2. Gleeson M (2007) ‘Immune function in sport and exercise.’ Journal Apply Physiology 103(2):693–99.
  3. Nieman DC, et al (1990) ‘The effects of moderate exercise training on natural-killer-cells and acute upper respiratory-tract infections.’ International Journal of Sports Medicine11:467–73.
  4. Future directions in exercise and immunology: regulation and integration
  5. Overtraining effects on immunity and performance in athletes
  6. Gleeson M (2006) ‘Immune system adaptation in elite athlete.’,Current Opinion in Clinical Nutrition and Metabolic Care 9(6):659–65.
  7. Nielsen HB (2003) ‘Lymphocyte responses to maximal exercise: a physiological perspective.’ Sports Medicine 33:853–67.
  8. Pedersen BK, RohdeT, Zacho M (1996) ‘Immunity in athletes.’ International Journal of Sports Medicine 36:236–45.
  9. Physiological changes associated with the pre-event taper in athletes
  10. Heath GW, Ford ES, Craven TE, Macera CA, Jackson KL, Pate RR (1991) ‘Exercise and the incidence of upper respiratory tract infections.’ Medical Science in Sports and Exercise 23:152–157.
  11. Pedersen BK, Bruunsgaard H (1995) ‘How physical exercise influences the establishment of infections.’ Sports Medicine 19:393–400.
  12. Pedersen BK, Toft AD (2000) ‘Effects of exercise on lymphocytes and cytokines.’ British Journal of Sport Medicine34:246–51.
  13. “A Strong Immune System”, Ross Edgley. Elite FTS, 2013.
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